El compañerismo indisoluble entre la ciencia y la sociedad

Soledad Cabrera es una joven periodista que se ha especializado en la comunicación de la ciencia y la tecnología. Actualmente es Doctora© en Ciencia y Cultura por la Universidad Autónoma de Madrid, colabora ad-honorem en el movimiento ciudadano Más Ciencia para Chile, es docente en una institución de educación superior y además se desempeña como socia fundadora de una productora audiovisual dedicada a la divulgación científica.

Además de agradecer la colaboración de Soledad con este medio, queremos invitarles a conocer más vetas sobre la ciencia y su rol en nuestra sociedad.

 

 


 

¿Que tan frecuente resulta divulgar las ciencias desde campos relacionados con las humanidades? como por ejemplo el arte, la cultura, etc.

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“Leda Atómica” cuadro pintado por Salvador Dalí en 1949. Se trata de una obra geométrica en la que Dalí, con la ayuda del matemático Matila Ghyka, consiguió sintetizar la tradición pitagórica respetando la proporción áurea.

La verdad no es muy frecuente, aunque hay excelentes iniciativas. Por supuesto, divulgar la ciencia no es una tarea exclusiva de los científicos, o de los profesionales vinculados con el desarrollo de la ciencia. Las ideas científicas trascienden los laboratorios y son una inspiración para las distintas manifestaciones del arte y de las humanidades.

Hay muchos ejemplos de cómo dialogan los grandes descubrimientos de la física o la biología en las obras de artistas como Salvador Dalí o Jorge Luis Borges, por ejemplo.

También hay ejemplos de científicos que tienen la habilidad de escribir excelentes textos de divulgación, comprensibles por un público amplio, como Richard Dawkins, Humberto Maturana o el físico Alberto Rojo. 

Sin embargo es necesario tomar esos ejemplos como excepcionales, ya que es raro que un científico tenga también la capacidad de dedicarse a la divulgación, o que un artista pueda comprender a cabalidad los conceptos detrás de las últimas teorías. Además del interés por hacerse cargo de esas actividades, se necesita tiempo y recursos que pocas veces un investigador o un humanista puede dedicar a proyectos de este tipo.

Por ello, la clave es la comunicación con especialistas de otras áreas. La interdisciplina permite integrar los conocimientos, y el trabajo en equipo facilita el que cada uno pueda aportar, desde su especialidad, a una idea integradora. No es una tarea trivial, en cualquier caso. Se necesita comprender que los ritmos de trabajo, lenguajes e incluso prioridades son diferentes, y es necesario dedicar parte del proyecto precisamente a largas jornadas de diálogo, para intentar entender el mundo del otro antes de empezar a trabajar. He participado de experiencias que han dado frutos y en otras en las que, lamentablemente, este diálogo ha sido solo superficial. Para bien o para mal, todo se evidencia en el resultado.

Tengo una impresión positiva al respecto, pues creo que poco a poco (sobre todo los investigadores jóvenes) se percibe la necesidad de trabajar en conjunto con otros profesionales para difundir masivamente. Lo cual impulsa fomenta la creación de proyectos innovadores, que a veces no son tan fáciles de clasificar como iniciativas artísticas o científicas.


Generalmente se asocia el libro y la lectura con la literatura, la narrativa o la poesía. ¿crees que no se conciben los lectores de ciencias? y con ello no me refiero sólo a lectores de libros, también incluyo a los que leen de revistas, blogs, etc.

Creo que no es que no se conciba al “lector de ciencias” y que por eso la oferta de títulos sea escasa. Creo más bien que no se concibe al lector, en general.

En torno a la ciencia existen muchos prejuicios y mitos, que son comparables con los que afectan a la literatura y a las ciencias sociales. Se suele creer, por ejemplo, que si un niño tiene habilidades matemáticas podrá desarrollarse bien en el mundo de la ingeniería o la ciencia, y no necesita explorar las letras. A un ingeniero se le perdona redactar mal, o escribir con faltas de ortografía, asi como a un periodista se le disculpa no saber calcular un porcentaje. Se cree que son habilidades excluyentes. Y eso es parte del estereotipo.

University student studying in library

Todo estudiante debe invertir tiempo buscando información, documentándose y leyendo.

Sin embargo, la lectura forma parte de la formación de un investigador en cualquier área. No leen solo los abogados o los estudiantes de historia: antes de empezar un proyecto, un científico debe rodearse de los artículos publicados por sus colegas en todo el mundo.

Parte de la deserción de las carreras científicas es porque los jóvenes no están preparados para este nivel de lectura. En ese caso, el estereotipo del científico con bata, medio chiflado, ausente de la sociedad, que tiene pocas habilidades blandas, juega en contra.

Como anécdota, alguna vez vi a un académico corregir pruebas de alumnos de primer año de física y astronomía, y como los calificaba muy mal, le pregunté si era muy mala la base que traían en matemáticas. Me respondió “Para nada, los cálculos están bien. Lo que pasa es que no entendieron la pregunta de la prueba”.

Tengo la impresión de que estos estereotipos son los que impiden la entrada de textos “científicos” o, más bien, de divulgación científica en las bibliotecas públicas. Es un estereotipo que está presente en muchos ámbitos: en la pregunta anterior, por ejemplo, comentaba la necesidad de la interdisciplina para generar proyectos de divulgación, pero al momento de postular a un fondo público, Conicyt no los acepta porque se trata de “arte”, y Fondart no los recibe porque se trata de “ciencia”. Separar de esta forma arte y ciencia provoca estas lagunas, porque todo aquello que no es claramente un libro de ciencia o un libro de literatura termina en un espacio indefinido y estrecho. La divulgación no tiene un espacio propio.

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De acuerdo al informe 2014 de producción editorial en Chile, la Cámara Chilena del Libro informa que el 37,9% de títulos corresponde a literatura, el 2,1% corresponde a ciencias puras y el 5,4 a tecnología.

Otro prejuicio es que la ciencia es algo arduo, difícil, aburrido o que requiere una preparación especial para acercarse a ese tipo de literatura. Si sumamos que, en efecto, jóvenes y adultos leen cada vez menos, entonces tenemos una especie de fobia a ofrecer algún título que parezca complejo, porque se presupone que alejaremos más a los potenciales lectores.

No tengo una opinión clara sobre qué hacer al respecto; mi impresión es que las librerías están llenas de libros de cocina, viajes, arte y cuentos infantiles, pero no por quitar los libros “difíciles” se ha logrado aumentar la lectura. Por otro lado, es verdad que muchos científicos consideran que escribir textos de divulgación es “rebajarse”, porque se les obliga a eliminar toda la rigurosidad que forma parte intrínseca del lenguaje científico. Nuevamente, aquí pesa un prejuicio, al asumir que el público lector tiene problemas para comprender la actividad científica.

Creo que la ciencia es, en efecto, una tarea difícil, pero no lo es más que dedicarse al deporte o a la construcción de grandes edificios. Y es igualmente fascinante leer una historia policial, una hazaña deportiva, o el relato del último ganador del Premio Nobel de Medicina. Los triunfos de Alexis Sánchez son tan inspiradores como los de Pablo Valenzuela (descubridor del virus de la Hepatitis C), pero sobre ambos está el peso de ideas preconcebidas.

 


Existen muchos antecedentes sobre proyectos e iniciativas que relacionan al libro y la lectura con disciplinas de ciencias básicas o aplicadas. ¿Crees que la comunidad de científicos en Chile se interese por conocer estos antecedentes?

Han habido varios análisis a la situación de la ciencia en Chile, en efecto, creo que se encuentra en curso un nuevo programa de diagnóstico. Pero las iniciativas por el momento suelen quedar en eso. El paso siguiente, es decir, materializar el interés por difundir la actividad científica, en los formatos que sea, siempre queda un poco relegado.

Eso puede responder a la estructura actual que tiene la ciencia, la comunidad está muy dividida y las agencias e instituciones tienen sus prioridades en temas urgentes, como en la asignación de recursos para investigar o para becar y formar a nuevos investigadores, asuntos por supuesto necesarios. Pero la divulgación hacia el resto de la comunidad es un tema pendiente. No solo se trata de educar o inculcar la pasión por la ciencia en niños, sino que necesitamos que el público adulto, nuestras autoridades, profesionales de distintas áreas, se involucren.

Para ellos, por supuesto, hay que generar mensajes distintos, con proyectos que les evidencien la comunión que existe entre una sociedad que invierte en ciencia y una que solo avanza siguiendo las soluciones dadas por otras sociedades. Creo que es una opinión unánime que se necesita apoyar cualquier iniciativa que persiga ese objetivo; el problema es en qué se traduce ese apoyo y qué hacemos como comunidad para concretar ese objetivo

 

 


Qué consejo podrías darles a las personas que, sin ser expertos, quisieran nutrirse de  las ciencias para aplicarlo en el fomento lector? ¿tienes algunas ideas que puedas sugerir?

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“Leer la ciencia” es una publicación editada por A Mano Cultura, que a través de una cuidadosa selección, presenta 75 títulos de divulgación científica para niños. Fue expuesta el 2015 en el Espacio de Cultura Científica de la Universidad de Salamanca

No soy experta en esta materia, la verdad, no he pensado antes en cómo fomentar la lectura de ciencia. Como decía antes, no se trata de fomentar la lectura de ciencia, en particular, sino la curiosidad de la lectura, en general. Creo que es válido que cada persona desarrolle un gusto en particular por ciertas temáticas, y así como hay lectores de novelas también puede haber aficionados a la ciencia ficción o a libros de divulgación.
No estoy al tanto de metodologías actuales para motivar la lectura .Creo que hay buenos intentos por acercar la ciencia al público por este medio, pero esto es solo una intuición. También hay algunos que, ya desde el título, plantean que la ciencia está allá, en lo alto, y nosotros los lectores estamos acá, en el lado de los dummies, y creo que fomentar esa idea no ayuda realmente a acercar la ciencia, pues se sigue viendo como algo alejado que necesita ser simplificado a un nivel ridículo para ser comprensible.
La ciencia tiene una belleza propia, no necesita disfrazarse de farándula para encantar. Un ejemplo es la forma en que la noticia de contenido científico aparece en los medios de comunicación nacional. Mis colegas en prensa intentan sorprender con titulares llamativos y simplificar el contenido, pero no siempre logran el objetivo, haciendo que las noticias sean decepcionantes para legos y expertos. Esto se aplica también al esfuerzo de algunos editores por simplificar al máximo algunas temáticas para hacerlas atractivas, cuando en realidad, lo interesante de la ciencia es precisamente cómo la complejidad, gracias a un método racional, se vuelve clara y comprensible.
Quizás, una vez más, la respuesta se pueda encontrar en el trabajo interdisciplinario, pues los expertos en didáctica, en conjunto con comunicadores, científicos y expertos de otras áreas como diseño o marketing, podrían generar soluciones atractivas, que logren atraer a un público nuevo.


¿Qué temas se abordan al vincular la ciencia con la sociedad? ¿qué propondrías si se quisiera avanzar más en ese sentido? he observado que hay seminarios de ciencia y educación, pero tengo la impresión que se aborda desde la disciplina de profesores de ciencia.

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Independiente del nivel de sofisticación o avance tecnológico, la ciencia siempre ha buscado servir a la sociedad

La ciencia está vinculada con la sociedad. No se puede hacer ciencia en forma aislada, como si se tratara de una isla. No existe ciencia que no tenga un trasfondo cultural. La ciencia del siglo XIX no se podría haber desarrollado en otro siglo, ni en otro lugar. Es un poco una falacia hablar de “vincular la ciencia con la sociedad” porque, en teoría, la ciencia nos afecta y nosotros afectamos a la ciencia.
Piensa que gracias a la ciencia tenemos la tecnología que hoy nos rodea, y que cambia nuestras vidas, pero también nosotros influimos en el desarrollo científico cuando votamos por un partido que se opone al uso de energía nuclear o que apoya la investigación con células madre, por ejemplo. Una vez más, siento que existe una idea errónea sobre la actividad científica. Se tiende a pensar que el investigador está, en efecto, preocupado de su investigación y que no lo afectan los vaivenes políticos, económicos o las modas. Eso no es así. Pero entiendo que esta idea de una ciencia alejada de los problemas prácticos nacionales la que da origen a esta urgencia por “vincular” la ciencia. En muchos casos, basta con mostrar al público de qué se trata el proyecto de investigación, para que sea evidente su vínculo con la sociedad. Si ves el listado de investigaciones que son financiadas por FONDECYT, por ejemplo, te darás cuenta que hay desarrollo de proyectos que estudian problemas en el área forestal, que buscan tratamientos o nuevas vías de diagnóstico para enfermedades como el cáncer, que están preocupados por generar tecnologías para la industria nacional, que estudian fenómenos naturales como la actividad volcánica, etc. etc… es difícil encontrar un proyecto que no haya nacido de alguna necesidad social. El problema es que eso no se sabe.

Aquí hay muchos factores que han favorecido esta idea, entre otros, el mismo desdén de los científicos hacia la comunicación de sus proyectos. Muchos investigadores odian que les preguntes “bueno, ¿y esto para qué va a servir?”, porque creen que la sociedad debe, de forma casi instantánea, comprender que sus trabajos van a rendir un fruto, antes o después. Pero este ejercicio de comunicar es lo que se necesita para que la misma sociedad comprenda que es necesario invertir en ciencia.

En este sentido, creo que más que esfuerzos para “vincular” la ciencia con la sociedad, la idea debe ser evidenciar este vínculo, a través de proyectos que sean paralelos a los proyectos científicos. En países como Inglaterra o Estados Unidos los fondos públicos asignados a la ciencia incluyen un apartado importante para extensión. Hay documentales que se preocupan de mostrar el desarrollo de proyectos, como la puesta en marcha del CERN (Consejo Europeo para la Investigación Nuclear).

Creo que en este sentido nos queda mucho por avanzar, precisamente, para dejar de hacer seminarios de diagnóstico en donde todos coinciden en que se necesita más ciencia, ya que es preciso pasar a la producción de apuestas, de nuevas formas de llevar la ciencia a la calle, a todos los ciudadanos.

 

Sobre Claudia Gilardoni

Bibliotecóloga especializada en conductas lectoras y alfabetización académica, ámbito en el cual ha realizado estudios documentales y de campo, así como también investigaciones experimentales para diversas entidades públicas y privadas. Actualmente se dedica a la gestión de bibliotecas académicas en una universidad privada chilena y dirige la Fundación Leamos Más.

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